En naves de Guadalajara con pasillos de 2.4 metros y turnos de doce horas, la diferencia entre una tarima que se mueve y una que se arrastra no es cuestión de fuerza: es cuestión de elegir el patín, la carretilla o la plataforma que corresponde al piso, al peso y al operador.
Cuando un almacén en Guadalajara o en el corredor industrial de Jalisco decide ampliar su flota de movimiento de materiales, la conversación casi nunca empieza por el precio. Empieza por el piso, por el ancho de pasillo y por el tipo de tarima que ya está circulando. Estas tres lecturas suelen ordenar la compra.